martes, 18 de enero de 2011

LA INSISTENTE PREDICACIÓN

Al parecer hay una controversia acerca de cuál debe ser la predicación fundamental.
Hay quienes afirman que se debe predicar únicamente el Nuevo Testamento.
Otros opinan que toda la biblia, y llegan a la conclusión de que así debe ser porque en cierta ocasión dijo el Maestro Jesús que Moisés habló de él.
Incluso no falta alguien que afirme que no sólamente toda la biblia, sino otro u otros libros más, porque según ellos, esto nos ayuda a comprender las escrituras.
¿Por qué no mejor leemos acerca de ello, por palabras de Cristo Jesús?
Dejemos que el mismo Señor Jesús nos lo diga y, leamos también lo que aquellos sus primeros discípulos hicieron y dijeron en sus epístolas:
Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado. (S. Mateo 4:17).
Y recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda dolencia en el pueblo. (S. Mateo 4:23).
Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. (S. Mateo 9:35).
Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado. (S. Mateo 10:7).
Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio. (S. Mateo 11:5).
Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin. (S. Mateo 24:14).
Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios,
diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio. (S. Marcos 1:14-15).
Y saliendo, predicaban que los hombres se arrepintiesen. (S. Marcos 6:12).
Y es necesario que el evangelio sea predicado antes a todas las naciones. (S. Marcos 13:10).
De cierto os digo que dondequiera que se predique este evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que ésta ha hecho, para memoria de ella. (S. Marcos 14:9).
Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. (S. Marcos 16:15).
Pero él les dijo: Es necesario que también a otras ciudades anuncie el evangelio del reino de Dios; porque para esto he sido enviado. (S. Lucas 4:43).
Aconteció después, que Jesús iba por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios, y los doce con él... (S. Lucas 8:1).
Y los envió a predicar el reino de Dios, y a sanar a los enfermos. (S. Lucas 9:2).
Y saliendo, pasaban por todas las aldeas, anunciando el evangelio y sanando por todas partes. (S. Lucas 9:6).
Y cuando la gente lo supo, le siguió; y él les recibió, y les hablaba del reino de Dios, y sanaba a los que necesitaban ser curados. (S. Lucas 9:11).
... y sanad a los enfermos que en ella haya, y decidles: Se ha acercado a vosotros el reino de Dios. (S. Lucas 10:9).
La ley y los profetas eran hasta Juan; desde entonces el reino de Dios es anunciado, y todos se esfuerzan por entrar en él. (S. Lucas 16:16).
Sucedió un día, que enseñando Jesús al pueblo en el templo, y anunciando el evangelio, llegaron los principales sacerdotes y los escribas, con los ancianos... (S. Lucas 20:1).
Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las escrituras lo que de él decían. (S. Lucas 24:27).
... y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día;
y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén. (S. Lucas 24:46-47).
... A quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios. (Hechos 1:3).
Y todos los días, en el templo y por las casas, no cesaban de enseñar y predicar a Jesucristo. (Hechos 5:42).
Pero los que fueron esparcidos iban por todas partes anunciando el evangelio. (Hechos 8:4).
Entonces Felipe, descendiendo a la ciudad de Samaria, les predicaba a Cristo. (Hechos 8:5).
Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres. (Hechos 8:12).
Y ellos, habiendo testificado y hablado la palabra de Dios, se volvieron a Jerusalén, y en muchas poblaciones de los samaritanos anunciaron el evangelio. (Hechos 8:25).
Entonces Felipe, abriendo su boca, y comenzando desde esta escritura, le anunció el evangelio de Jesús. (Hechos 8:35).
Pero Felipe se encontró en Azoto; y pasando, anunciaba el evangelio en todas las ciudades, hasta que llegó a Cesáres. (Hechos 8:40).
En seguida predicaba a Cristo en las sinagogas, diciendo que éste era el Hijo de Dios. (Hechos 9:20).
Dios envió mensaje a los hijos de Israel, anunciando el evangelio de la paz por medio de Jesucristo; éste es Señor de todos. (Hechos 10:36).
Pero había entre ellos unos varones de Chipre y de Cirene, los cuales, cuando entraron en Antioquía, hablaron también a los griegos, anunciando el evangelio del Señor Jesús. (Hechos 11:20).
Y nosotros también os anunciamos el evangelio de aquella promesa hecha a nuestros padres. (Hechos 13:32).
... Habiéndolo sabido, huyeron a Listra y Derbe, ciudades de Licaonia, y a toda la región circunvecina,
y allí predicabian el evangelio. (Hechos 14:6-7).
Y después de anunciar el evangelio a aquella ciudad y de hacer muchos discípulos, volvieron a Listra, a Iconio y a antioquía... (Hechos 14:21).
Y después de mucha discusión, Pedro se levantó y les dijo: Varones hermanos, vosotros sabéis cómo ya hace algún tiempo que Dios escogió que los gentiles oyesen por mi boca la palabra del evangelio y creyesen. (Hechos15:7).
Y Pablo y Bernabé continuaron en Antioquía, enseñando la palabra del Señor y anunciando el evangelio con otros muchos. (Hechos 15:35).
Cuando vio la visión, en seguida procuramos partir para Macedonia, dando por cierto que Dios nos llamaba para que les anunciásemos el evangelio. (Hechos 16:10).
Y algunos filósofos de los epicúreos y de los estoicos disputaban con él; y unos decían: ¿Qué querrá decir este palabrero? Y otros: Parece que es predicador de nuevos dioses; porque les predicaba el evangelio de Jesús, y de la resurrección. (hechos 17:18).
Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios. (hechos 20:24).
Y Pablo permaneció dos años enteros en una casa alquilada, y recibía a todos los que a él venían,
predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo abiertamente y sin impedimento. (Hechos 28:30-31).
Pablo, siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios... (Romanos 1:1).
Porque testigo me es Dios, a quien sirvo en mi espíritu en el evangelio de su Hijo... (Romanos 1:9).
Así que, en cuanto a mí, pronto estoy a anunciaros el evangelio también a vosotros que estáis en Roma. (Romanos 1:15).
Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios... (Romanos 1:16).
Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe... (Romanos 1:17).
... de manera que desde Jerusalén, y por los alrededores hasta Ilírico, todo lo he llenado del evangelio de Cristo. (Romanos 15:19).
Y sé que cuando vaya a vosotros, llegaré con abundancia de la bendición del evangelio de Cristo. (Romanos 15:29).
Pues no me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el evangelio; no con sabiduría de palabras, para que no se haga vana la cruz de Cristo. (1Corintios 1:17).
Así también ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio. (1Corintios 9:14).
Cuando llegué a Troas para predicar el evangelio de Cristo... (2Corintios 2:12).
... pues fuimos los primeros en llegar hasta vosotros con el evangelio de Cristo. (2Corintios 10:14).
... y que anunciaremos el evangelio en los lugares más allá de vosotros... (2Corintios 10:16).
Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios; y si primero comienza por nosotros, ¿Cuál será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios? (1 Pedro 4:17).

Óigame usted, como que le queda a uno la idea de que lo que se debe predicar, una y otra vez, insistentemente... es el evangelio, el reino de los cielos, el nombre de Jesucristo.
Evangelio: Buena nueva. Tal cual se usa el término hoy en día, significa el mensaje de la cristiandad y los libros que relatan la vida y enseñanzas de Cristo.- Diccionario Bíblico.
Evangelio: Buena nueva. Doctrina de Jesucristo: Predicar el evangelio//Libro que la contiene.
Evangelista: Cada uno de los cuatro escritores sagrados que escribieron el evangelio: San Mateo, San Lucas, San Marcos y San Juan.- Pequeño Larousse Ilustrado.
¿Y qué pues hacer con el resto de la biblia?
El Maestro Jesús para nada nos prohibe estudiarla; además, no sé si en todas, pero creo que en la mayoría de las iglesias hay un día dedicado precisamente a estudios bíblicos.
Incluso, hay ocasiones, muchas, en que ciertos pasajes del Antiguo Testamento nos ayudan a entender algunas declaraciones del Nuevo; dos ejemplos:
Él le dijo: Sal fuera, y ponte en el monte delante de Jehová. Y he aquí Jehová que pasaba, y un grande y poderoso viento que rompía los montes, y quebraba las peñas delante de Jehová; pero Jehová no estaba en el viento. Y tras el viento un terremoto; pero Jehová no estaba en el terremoto.
Y tras el terremoto un fuego; pero Jehová no estaba en el fuego. Y tras el fuego
un silbo apacible y delicado. (1Reyes 19:11-12).
Esto de que Jehová no estaba en el viento, en el terremoto ni en el fuego, me parece que significa que su personalidad o forma de ser no estaba en ellos, pero sí en el silbo apacible y delicado; es decir que así es el Dios Todopoderoso. Comparemos esto con la forma de ser de Cristo Jesús:
Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas... (S. Mateo 11:29).
Dice nuestro Señor que él es manso y humilde. No sé para usted, pero para mí, apacible y delicado es lo mismo que manso y humilde.
En el primer libro de los Reyes, Capítulo 19 y versos 11 y 12, leímos acerca de la presencia de Dios provocando un gran viento, un terremoto y un fuego.
Veamos lo que sucedió el día de Pentecostés y un poco después:
Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos.
Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados;
y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentandose sobre cada uno de ellos.
Y fueron todos llenos del Espíritu Santo... (Hechos 2:1-4).
Nos falta el terremoto:
Cuando hubieron orado, el lugar donde estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios. (hechos 4:31).
O sea que la presencia de Dios (el Espíritu Santo) provoca grandes manifestaciones de la naturaleza, y la presencia de Jesucristo (el Espíritu Santo), señales maravillas y prodigios.





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